sábado, 10 de abril de 2010

Digo tierra


Digo tierra y digo
hombro contra hombro,
surco que se abre en el barro,
flor que en su declive
reconoce que ha vivido.

Digo tierra y digo tacto que pretendo,
digo que te quiero todos los días,
que la luz besa mi frente
y que tu agua humedece mi garganta

Digo polvo que genera un huracán silente,
una raíz que pronuncia su casta de madera;
y vuelvo a decir te quiero.
Porque digo tierra y digo que me ha parido,
que ha moldeado el fruto que tomo
y el aire que exhalo.

Y así digo tierra y digo:
" Yo soy tu hijo"

jueves, 8 de abril de 2010

Si miro hacia atrás








Si miro hacia atrás,
veo como la tarde cubre tus ojos,
como en su remanso de espuma,
posan los versos sus alas confundidas
y como los párpados hartos de tanto abandono
pliegan sus días en las franjas azules de la tierra.

Si miro hacia atrás,
veo como la vida rompe en otoños
sus colores ardientes, crepusculares
y veo emerger la furia desde todas las épocas,
desde los páramos, hoy, dormidos,
donde en otros tiempos, tu yo nos amábamos,
allí donde los vientos brotaban,
de la leve comisura de tus labios.

¡ay si yo te mirase! Adivinaría tus manos que cubren la quimera
tu ausencia que abriga el tacto de mis manos,
tu caminar callado bajo la última de las horas.

¡ay, si yo te mirase! Te vería vagar por los andenes
donde los trenes van, repletos, de impávidos equipajes,
donde el llanto viaja teñido de recuerdos.

sábado, 3 de abril de 2010

NO TE DETENGAS

No te detengas en estos días del acero,
parte desde todos labios de la tierra,
perfila los cauces de las lágrimas,
surge de los vientres de todas las madres,
besa la frente de todos los padres
y ven al aire como se viene a la vida.
Cruza el puente, atraviesa lagos y montañas,
surca los mares y ven llanto a dentro,
calma esta sed de hombre, esta pena.
No detengas tus ojos en una mirada,
ni la palabra de tu boca en un vocablo,
pues no hay calles que lloren sílabas
y rosas que bajen de los balcones buscando un poema.
¡ay! no te detengas, sigue, recorre mi cintura,
danza, vence a los fríos relojes del tiempo
y llora en las aceras de este abandono.
Si tu te detienes, juro que se detendrá mi ausencia,
los ojos no miraran otros ojos nacientes
ni el beso tomará el camino de otro beso.
No te detengas o quemaré el tálamo
donde hundiste tu boca,
o retomaré del surco la mano segadora,
y el hombre a fuerza de existir
será más hombre todavía.
No te detengas, ¡ven!
abrázame e inmortaliza tu voz en mi lenguaje.

domingo, 28 de marzo de 2010

Revista Vientos de Pueblo.Año 1982




Hace muchos años, (tantos, que la memoria a veces me la juega)la revista Vientos del pueblo, de la "Asociación amigo de Miguel Hernández" en su número 0, publicó un poema mío. Desde aquellos años, con ustedes José Cercas, a pesar de haber estado veinte años dormido para la poesía, pero no para la vida.

lunes, 15 de marzo de 2010

TERREMOTO







Terremoto;
enormes pies de gigantes, pisan,
las tumbas de los padres,
la tierra de los hijos.

Terremoto;
la higuera está baldía,
la casa desierta, muda,
y el polvo libre,
deshoja la palabra dolorida.

Terremoto;
te-rre-mo-to;
tres tristes tigres huyen
de la T que los aterra;
-tromba de tierra, que, terca, atrona-.

Terremoto;
calla y dormita
en tu légamo de espanto para siempre.

martes, 9 de marzo de 2010

Que sea este mi homenaje a las mujeres trabajadoras


A mi abuela Leonor, a mi abuela Fidela
In memoriam
Las abuelas vestían de negro


Las abuelas siempre vestían de negro,
las recuerdo
comentando a la tenue luz de una bombilla,
cómo la risa se olvidó de sus labios.
Ellas levantaban sus laboradas manos,
sus dolientes cicatrices,
y sus canas cubiertas de abriles
para, rotundamente afirmar,
que habían vivido una guerra tras otra,
cuando vestían de azul, la existencia,
¡ay! sé que entre guerra y guerra,
vivieron sus contiendas;
vestían el luto del rosario
que todas las tardes de invierno entonaban
al abrigo de los braseros del picón de encina;
limpiaban de las calles el tosco oxígeno,
pulían con sus manos de acero, las losas frías de la patria,
pues llevaban entre sus dedos, la ruda escritura del trabajo.
Las recuerdo con sus delantales cenicientos
exponiendo sus penas bajo velos de seda.
Ellas, abuelas de antaño,
recogían sus moños del color de la lluvia,
en largas trenzas de soles y crepúsculos
y los cubrían con arrogantes pañuelos negros,
que tapaban los suspiros musicales de la tierra.
Recuerdo a aquellas abuelas.
¡Dios, como las recuerdo!

domingo, 7 de marzo de 2010

El indulgente brote de una sonrisa







Ya el frío inunda mi aliento,
ya pasaron las lluvias del aquel otoño,
en cuyas brumas, pronunciaba la noche,
el justo brote de un suspiro.
Pasaron nuestros besos con sus íntimas derrotas,
por aquellas sendas donde cabalgaban las escarchas,
por los vocablos que, en tu boca amanecían,
como si de un canto de luz y miedo se tratara.
Ya vinieron otros labios, por otras mejillas, resueltos,
buscando la voz naciente de una quimera
e inundado de besos, la calma de los cautivos.
Ya no quiero volver a las casas vacías,
o a los vientos que, con sus furias, devoran el contacto.
Ya no quiero ver en los tejados, danzar el rocío
porque sé que, derretido, cae declamando tu nombre.
Yo quiero sentir como la vida me lleva,
por el indulgente brote de una sonrisa,