A
Elena Pérez, por ser mi amiga.
Después
de un largo viaje, estoy de nuevo en mi casa, en cada esquina se me
aparece, como de pronto, la soledad, los recuerdos, el tiempo perdido
en imaginarte en cada habitación de mi memoria; los versos
escondidos que una vez quisieron escribir un poema… tu poema.
Abro
la ventana y la luz se enfrenta a los visillos que el viento mece. En
ellos la calidez de otros días, recordando tus manos dibujando
mariposas de sombras en mi cara de antaño. Tu sonrisa llamando al
beso, desde la orilla transparente de sus hilos.
¿Qué
nos queda, amor que ya fuiste?:
Tan
solo un recuerdo, una fugitiva mirada cuando te encuentras con mis
térreos ojos, un cárdeno adiós sin nombre, un giro de cabeza
alejándose, buscando el contacto silencioso de lo no escrito.
Tan
solo un sutil parpadeo, una sonrisa que me hiela la sangre y una
palabra que se columpia en los labios.
Llego
a casa de nuevo, a esa casa derrotada en el viejo barrio, donde
habita tu soledad, bañándose en lágrimas, con la mía.
