miércoles, 29 de diciembre de 2010

Un nuevo día





Despunta un nuevo día,
en la calle, el mismo vendedor de voz rota,
sigue vendiendo su fruta , por las puertas dormidas,
el pájaro alza sus alas y las expone
al mismo aleteo de costumbre,
sin embargo, es otro día,
más maduro, más viejo y derrotado,
los ojos nos son la fuente de la vista por serlo
sino por decirme que la vida está pasando,
sino por ver como la luz atraviesa los visillos y besa el suelo,
y al torpe perro que agita su cola en las calles desiertas.
Es otro día, igual a tantos, envejecidos,
mis manos se deslizan entre las tintas y las hojas;
ya sé que en otros días, acaso como este,
ellas, me anunciaban su contorno,
la suavidad de su cuerpo desnudo;
el tiempo se va acercando y me advierte su presencia…
tal vez donde dije igual, quise decir diferente, quise decir perdido.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Cuando la sonrisa cae




Cuando la sonrisa cae,
llueven las noches;
los astros van en busca del vacío
y las caricias incompletas esperan
al céfiro amante que, Eros, delata.

Cuando la sonrisa cae,
bajo los párpados, las miradas, cumplen su condena,
se amontonan las páginas que mima la poesía
y torna, el verso, a definir la lágrima
que no encontró su eterno amparo.

Cuando la sonrisa cae,
se acarician, en la noche, los cuerpos desnudos,
la vida se hace trémula,
la tierra y el temporal danzan en silencio
y caen los frutos que dormitan
en los profundos ojos de los adjetivos.

Cuando la sonrisa cae,
palpita la vida bajo las sábanas del aire
y es, entonces, cuando los enamorados
buscan los besos dormidos;
aquellos que nunca se dieron…
¡cuando la sonrisa cae!

viernes, 24 de diciembre de 2010

martes, 21 de diciembre de 2010

Escribidme, pues, en las noches de lluvia








Había estado lloviendo toda la noche...
los valles se cubrieron de abrazos
mientras los astros iluminaban el vacío de las lenguas
y los caballos, al galope,
llevaban en sus crines, dormidos, los besos.

Puede que esta noche vuelva a llover;
el agua amamanta la luz del alba,
los árboles surgen de las sombras,
mientras, las parejas, en su abrigo,
siguen besándose,
los animales con nombres lunares
se deslizan cantando bajo ventanas abiertas,
y las banderas danzan con los gentiles
en sus mástiles de esperma.

Escribidme, pues, en las noches de lluvia,
bajo pechos que inundan la tierra,
que la humedecen cuando se besan en el “ te quiero”.

Escribidme, pues, en las noches de lluvia,
leeré vuestras estrofas en las entrañas de un suspiro
y combatiré con el agua,
por la palabra que llueve, en una lágrima.

domingo, 19 de diciembre de 2010

A mi padre, a mi hermano. También en navidad, con nosotros



Sé que en el tiempo yaces, padre,
que la muerte posó su fría guadaña en tu costado;
sé que ya no eres la flor de la sementera,
en la cual, el néctar imploraba tu justo brote;
se, también, que fuiste
el trigo en su amarillo renuevo de espiga;
por ello yo vengo esta noche, desde mi soledad,
a escribir tú nombre con tintas que tienen el color del lamento;
sé que hablaste a mi hermano
y le contaste de como las estrellas
a diario brillan
bajo tus fragmentados ojos de lunas,
y que, a los lejos, duermes en sus tálamos de nubes,
que le narraste de los hombres y las mujeres
cuando buscan el pan con las manos de la vida,
cuando laboran las rotas sedas del aire.
Padre mío, hermano mío,
vosotros que habitáis el alba y las estaciones,
llenad de esencia el jardín de mi casa,
entregadnos, si podéis,
el fruto que viene, ladera abajo, buscando el poema,
-que yo esta noche os escribo-,
y habladnos, desde las voces perdidas,
porque aquí la vida aún reclama vuestra esencia,
en esta tierra que nos llena las entrañas de oxígeno
en esta tierra en la que os exigimos.
.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Las dos orillas. Del libro "los versos de la ausencia y la derrota"



Desde mi ventana el ancho pecho de mi tierra
juega con las bocas y con las lenguas.
Yo, en esta orilla y, en medio,
el océano donde fructifican las tormentas.
Tú, en la otra orilla y, en el medio,
el mismo mar y las mismas tormentas.
Y el hijo en las dos orillas…
Pero, a lo lejos, el mar de las tormentas.
El tiempo no dispara labios sin palabras
porque entre tú y yo ya no queda nada…
¡ya no queda nada!