domingo, 23 de diciembre de 2012

domingo, 16 de diciembre de 2012

Me cansa




  1. Me cansa la hipocresía,
    el beso que ella dejó en el pómulo de mi aliento,
    el verbo amar que apenas reconoce,
    la pulcritud de dos cuerpos abrazados.

    Me cansa la envidia, ¡triste señora!;
    triste instrumento que necesita la voz y el coraje de otros,
    para lanzarse desde las orillas de la mediocridad
    y libar el beso que brota de la tierra.

    Me cansa el puño cerrado para el golpe,
    los pasadores de las puertas,
    las cortinas con los ojos abiertos, el punto de mira.

    Me cansa la mirada que no advierte,
    la sonrisa que cae en saco roto,
    buscando otra sonrisa
    y otra manera de cosechar la patraña.

    Me cansan las calles, sus luces opacas y tercas
    que quieren iluminar las sombras de las esquinas,
    los coches que rugen y no avanzan
    y las manos extendidas a las consecuencia de la materia.

    Me cansa que ella me mire y no me hable
    y que de sus palabras surja el tiempo
    y de ese tiempo, menos versos
    y otro día sobre el día y otra vez mi pecho dolorido.

    Me cansa que el perdón sea una muralla infranqueable,
    un acantilado donde se estrella el vocabulario,
    una playa donde no habitan
    ni manos para la caricias, ni labios para el beso.
    Todo me cansa cuando intento decir, amor mío, y oigo su eco distante
    cuando en la profundidad del poema, extraigo el silencio.
    Todo me cansa y ella, acaso, ya lo sabe.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

¡Que descanse en paz este olvido!



Que descanse en paz tu nombre en el olvido,
gota de rocío, gota de lluvia,
gota que fluye del centro del fracaso,
gota que caíste desde todas las cosas.
¡Descansa en paz entre la niebla!

Que descanse en paz este ruego,
el color níveo de la manzana,
las calles paralelas, la escarcha,
el vuelo, la paloma,
la raíz y el árbol venidos de la brisa.

Que descanse en paz tu nombre en el olvido,
cada minuto que te echo de menos,
los labios del beso, los años, los ojos que te velaron,
y el hombre herido que arranca su corazón
para ofrecérselo a la hoguera.

Que descansen en paz todas las cosas
y las manos levantadas
y las frías mañanas que madrugan sin ti,
y los ojos que te buscan
y la tierra donde el barro es parte del poema.

Que descanse en paz tu nombre en el olvido,
el ruego por no tenerte
y los ojos que intuyen que dormirán en la penumbra
y estas manos que te escriben cubiertas de tristeza
y las voluntades de amarte detenidamente.

Que descansen en paz, tus recuerdos con los míos,
sobre tiempos pretéritos
o sobre aquellos que han de venir,
buscando mi memoria en las gotas de la lluvia.
¡Que descanse en paz este no te olvido!

domingo, 9 de diciembre de 2012

viernes, 7 de diciembre de 2012