Coloque, usted, un tronco en un sillón. No importa ni su tamaño, ni su decrépito origen. Sazone, con pelotas y mamones insufribles, la base del tocón. Déjele macerar un año y verá como de ese tronco, nacerá una vara alta y cimbreante, que golpeará al pueblo que le amamanta. De la receta, no pongo ejemplos. Son evidentes.
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