Los lobos aúllan en los arrabales. El viento agita la voz de la sementera. Las fieras afilan sus cuchillos y el tiempo aclama la silente infraestructura de la sangre.
La voluntad esgrime el estoque y hace llorar al terrible aullido del lobo. En la otra orilla el grito ahoga el canto de la lira. Se aclama, a la pólvora, en las azoteas. Es esa guerra, la de los otros. Mientras, los niños hunden sus risas bajo el sable.
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