domingo, 30 de diciembre de 2012

INCIERTO FUTURO




En estos días, donde cuelga el futuro su tiempo inexorable,
la lluvia sigue cayendo con su agónica melancolía, igual que ayer. 
-Nada está escrito- 
Nada ha cambiado…
se que las maletas siguen esperando en los mismos andenes,
que la montaña, como siempre, viaja sin equipaje,
y que este día transita hacia la noche,
tan claro y tan azul en estos instantes,
como ciego será en la hora
que el tiempo mancille su alegría.
La casa abre y cierra sus ventanales al aire,
sale a la calle, la risa, el pan y el diluvio,
y tu silueta de ahora y tu mirada de antaño.
En estos días, que van marcando el breve futuro de tus labios
tú, amada mía, sigues alejándote,
sigues partiendo de todos los lugares
y sigues callando mi nombre.
Y porque nada ha cambiado,
mis manos prosiguen el combate,
con los dedos al viento,
que hoy se atreven a escribir estos versos,
con la vida que sigue alejándose ante nosotros.
Y ya, al final de todo,
en estos días y en este futuro que me lleva,
me iré de ti,
como si la lejanía te acercase por pretéritas esquinas,
como si mis versos habitaran en algún lugar de tus derrotas,
como si los poemas de este incierto futuro,
se posasen, para siempre, en tus labios de antaño.

jueves, 27 de diciembre de 2012

ALEGRÍA

Enia- Alegría



Alégrese, la tierra y su aroma de agua
al ver como el viento cubre el cielo en su largo viaje,
al ver, asidos por la cintura,
las cumbres del vuelo y sus nubes habitadas por la lluvia.

Alégrense, también, los jinetes de las sombras
y las fuentes de fría piedra,
cuyos surtidores tienen sus caños de bronce
orientados al poniente.

Alégrese la patria del suspiro,
y las horas que reposan en la quietud
de unos labios sin vocablos,
pues al final, los tiempos siempre se abaten
deshojados, buscando la tierra.

Alégrense los algodones blancos de las manos,
los pasos del niño y la madre alondra
pues sabe que en su nido se agita la vida,
la mar callada y el vientre de la tarde.

Alégrense los gladiadores que combaten por una lágrima,
pues por ello, las manos no tomarán las forma de la espada
ni las hiedras vencidas treparan hacia el fuego;
y así, los cuervos no graznarán en las ramas de la dicha,
ni la tristeza hará mella en las parejas
que juegan en los besos y en el limo.

Alégrense las semillas que germinan en las palabras,
en las voces y en las sombras rotas de las esquinas,
para que la velada melodía de sus estrofas
lleve siempre la fresca imagen de los enamorados

domingo, 16 de diciembre de 2012

Me cansa




  1. Me cansa la hipocresía,
    el beso que ella dejó en el pómulo de mi aliento,
    el verbo amar que apenas reconoce,
    la pulcritud de dos cuerpos abrazados.

    Me cansa la envidia, ¡triste señora!;
    triste instrumento que necesita la voz y el coraje de otros,
    para lanzarse desde las orillas de la mediocridad
    y libar el beso que brota de la tierra.

    Me cansa el puño cerrado para el golpe,
    los pasadores de las puertas,
    las cortinas con los ojos abiertos, el punto de mira.

    Me cansa la mirada que no advierte,
    la sonrisa que cae en saco roto,
    buscando otra sonrisa
    y otra manera de cosechar la patraña.

    Me cansan las calles, sus luces opacas y tercas
    que quieren iluminar las sombras de las esquinas,
    los coches que rugen y no avanzan
    y las manos extendidas a las consecuencia de la materia.

    Me cansa que ella me mire y no me hable
    y que de sus palabras surja el tiempo
    y de ese tiempo, menos versos
    y otro día sobre el día y otra vez mi pecho dolorido.

    Me cansa que el perdón sea una muralla infranqueable,
    un acantilado donde se estrella el vocabulario,
    una playa donde no habitan
    ni manos para la caricias, ni labios para el beso.
    Todo me cansa cuando intento decir, amor mío, y oigo su eco distante
    cuando en la profundidad del poema, extraigo el silencio.
    Todo me cansa y ella, acaso, ya lo sabe.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

¡Que descanse en paz este olvido!



Que descanse en paz tu nombre en el olvido,
gota de rocío, gota de lluvia,
gota que fluye del centro del fracaso,
gota que caíste desde todas las cosas.
¡Descansa en paz entre la niebla!

Que descanse en paz este ruego,
el color níveo de la manzana,
las calles paralelas, la escarcha,
el vuelo, la paloma,
la raíz y el árbol venidos de la brisa.

Que descanse en paz tu nombre en el olvido,
cada minuto que te echo de menos,
los labios del beso, los años, los ojos que te velaron,
y el hombre herido que arranca su corazón
para ofrecérselo a la hoguera.

Que descansen en paz todas las cosas
y las manos levantadas
y las frías mañanas que madrugan sin ti,
y los ojos que te buscan
y la tierra donde el barro es parte del poema.

Que descanse en paz tu nombre en el olvido,
el ruego por no tenerte
y los ojos que intuyen que dormirán en la penumbra
y estas manos que te escriben cubiertas de tristeza
y las voluntades de amarte detenidamente.

Que descansen en paz, tus recuerdos con los míos,
sobre tiempos pretéritos
o sobre aquellos que han de venir,
buscando mi memoria en las gotas de la lluvia.
¡Que descanse en paz este no te olvido!