sábado, 28 de abril de 2012

A CIERTOS PERROS RABIOSOS




Que sigan los podencos
acariciando su idolatría
en sus míseros celajes.
Pues aquí está, 
combatiendo, mi sangre.
Pues aquí estoy yo,
 
para sentirme vivo
con cada combate.

Fugitivos y furiosos desnudan su ira en las pupilas 
y esculpen sobre ti, grasas que desde bocas ardientes, 
funden cuerpos desprotegidos que, orgullosos, cubren de hiel. 
¡ Oh canes de la rabia! 
¡ Oh podencos de mi patria!
Ladrad detrás de despachos sustraídos, 
de infiernos donde defecáis en el compromiso. 
¡Ladrad! 
caninamente aulláis, pues hijos sois de la luna llena,
el fuego os teje sangre entre los dientes
y babas que, en su putrefacción, pueblan vuestras gargantas.
Para vosotros la amistad es un enemigo
con forma de borracho
y un jardín despoblado en el vientre de la cosecha.
A vosotros que usáis los trajes, para cubrir,
vuestras sonoras estupidez
donde defecáis el orgasmos que os desborda,
donde vuestros ojos llueven, sobre la tierra, fuera de sus órbitas
y enfrentan en su conjunto venas contra venas.
Ladrad perros, pues eso es lo que os queda.

1 comentario:

  1. Me gusta mucho la rabia que desprenden estos versos. Son viscerales. Me gustaría recitárselo a alguno que otro.

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